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San Julián: El drama de ser pobre, excluido y vivir a la intemperie

San Julián
Johanna, su esposo e hijos (Owen de 1 año, Demian de 2, Francesco de 3 y Giuliano de 10) viven en situación de calle.

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Está embarazada de seis meses y ahora no tiene otra opción que vivir en un galpón municipal abandonado con sus criaturas.
Están sin techo digno desde hace una semana, cuando no pudieron pagar más el alquiler ni siquiera con la ayuda de la madre del padre de los hijos.
El infierno comenzó ya el año pasado, cuando el esposo se quedó sin trabajo y solo pudo acceder a trabajar como jornalero para Obras Públicas.
Ese ingreso, producto de un trabajo que tan solo se extendía unos días al mes, con un salario de 650 pesos por día (un kilo de carne) más la asignación universal por hijo,
fueron insuficientes para sobrevivir, por eso comenzaron a pedir ayuda al municipio.
Pero la asistencia recibida por el estado municipal ha sido muy poca: dos subsidios de 4 mil pesos en abril y mayo de 2020 y una bolsa de alimentos durante todos los meses cuyos productos, a duras penas, duran una semana.

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El municipio ahora no quiere ayudarlos porque consideran que el galpón donde están quedándose fue «tomado en forma ilegal». Al parecer, la defensa de la propiedad puede más que la sensibilidad social.

Ayuda insuficiente
Ante los pedidos reiterados de ayuda, la respuesta que recibieron de la Dirección de Acción Social se redujo a los bonos únicos, el bolsón y promesas de seguir con la ayuda que nunca se cumplieron porque, al parecer, la situación que debían afrontar tenía que ser de mayor indigencia aún, como si fuera poco el drama que ya padecían.
Johanna llamó todas las semanas para solicitar mayor ayuda al gobierno local, pero fue negada por medio de evasivas y palabras vagas de Gardonio y Oyarzún.
«En mayo del año pasado nos dijeron que se solucionarían nuestros reclamos en el plazo de 90 días, pero ya pasaron y nada cambió» lamentó Johanna, resignada.
También pasaron hambre, al extremo de solo poder darle a sus hijos te con pan para la cena.

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La comida provista por el municipio con el bolsón (aceite, arroz, picadillo, azúcar, duraznos en almíbar y polenta) es insuficiente y solo alcanza para unos pocos días en una familia de seis integrantes.
Los poquísimos recursos con los que cuentan para sobrevivir ahora, ya en la calle, son complementados por la ayuda de los vecinos, quienes les han dado frazadas y ropa.

El horizonte
Johanna y su esposo lo que piden es un techo y un trabajo con salario digno. Ante la lejanía en la concreción de ese horizonte deseable, por el momento, pretenden que las necesidades inmediatas sean satisfechas: ayuda económica y poder quedarse en el galpón donde se alojan y reacondicionarlo, o bien algún terreno en donde puedan construir una casa.
Ellos dudan que la situación pueda mejorar, pues reiteraron que no son tenidos en cuenta por el estado local, pues los que viven como ellos viven, en el peor de los mundos que pueden tener cabida en Puerto San Julián, son pocos y por el municipio se hacen los boludos».

Caer en la pobreza
Los vecinos que entienden a la problemática terrible que atraviesa esta familia como algo que buscan adrede para conseguir terrenos y plata, deben entender que no es así.
Solo reproducen un discurso que estigmatiza al pobre como si quisieran serlo a propósito en aras de obtener una supuesta e inexistente vida fácil en tales condiciones paupérrimas.
Johanna y su familia no están así porque quieren, sino a causa de una crisis económica voraz que arrasa con cientos de miles de vidas, despojándolas de empleo, alimento y vivienda.

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Son excluidos por el mercado laboral y desatendidos por un estado que debe velar por cumplir con el umbral mínimo de no permitir que ninguna persona o familia viva en la calle y pase hambre.
La situación por la que pasan es el escenario potencial que pueden atravesar otras familias y vecinos de la localidad que se encuentran cada vez mas estrangulados financieramente
al no poder hacer frente a los alquileres ni a los servicios públicos o tener que debatirse entre comer y pagar tales obligaciones. (Fuente: El Divergente)

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