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Insultos a Mauricio Ma

Buenos Aires
El Gobierno afronta un nuevo desafío: las multitudes en los estadios, que le resultan incontrolables. Las motivaciones futbolísticas y políticas de una protesta inusual. Las detenciones por cantar “la marchita” en un estadio durante la dictadura y el peso de la cultura burlona y carnavalesca en el peronismo
El domingo pasado, en el estadio de Independiente, el insulto al presidente Mauricio Macri se fue insinuando durante el partido. Pero a poco de arrancar el “Mauricio Macri la puta que te parió” perdía espesor y a los pocos segundos se apagaba. Se volvía a encender en otro sector, pero el canto no lograba consolidarse.
Después, cuando se inició el segundo tiempo, sin ningún motivo atinente a la circunstancia del juego, volvió a lanzarse, tomó forma y cubrió sino todas, al menos la mayoría de las voces del estadio.
En los últimos fines de semana, el ritual se reiteró durante otros partidos. El lunes a la noche el bramido surgió en el de Gimnasia y Esgrima de La Plata y San Lorenzo.
Explica Pablo Alabarces, doctor en Sociología (UBA): “Si la tentación antimacrista es suponer que con esto ‘empieza el fenómeno de la resistencia’, esa hipótesis es falsa. Estos no son insultos por una motivación política. Es un fenómeno de la cultura futbolística, que es la paranoia. Y es una paranoia que hoy se alimenta cuando el Presidente del país es de Boca, el de la AFA es de Boca, el del Tribunal de Disciplina…. Y entonces la paranoia es: ‘todo esto está hecho para Boca’. En otras épocas la paranoia en el fútbol era Clarín y Torneos y Competencias. Y se decía: ‘Sale campeón el equipo que decide Clarín-TyC…. No es novedoso. Lo que sí es novedoso –prosigue-, que lo está leyendo el hincha: la concentración del poder político y futbolero en Macri y en Boca. Entonces: ‘Macri, que pone a Angelici, que pone a Tapia, y además se junta con el Mellizo (Guillermo)…’. Y el hincha suma: 1 + 1, y no le da 3, le da 45…”, enfatiza.
Alabarces cree que los insultos son genuinos. “No hay una mano orientadora. Es poco creíble que una unidad kirchnerista hubiera bajado una directiva. El fútbol tiene autonomía. Incluso las barras, que funcionan como un poder de policía dentro de la cancha, que tienen banderas pagas, que responden a punteros, no son un poder omnímodo ni absoluto… Aún así, no me extrańaría que dirigentes del gobierno que tienen peso en los clubes estén negociando con las barras para neutralizar los cánticos, pero no es sencillo neutralizar a 40 mil personas…”.
żHasta dónde perdurará esta “moda”, o el “hit”, este rito casi carnavalesco que surgió con la reanudación de los partidos de fútbol durante este mes? Es una incógnita.
Para Alabarces, los insultos propagados en los estadios no son de naturaleza política, “por despidos o aumentos de tarifas”, explica.
“Ahora –anota-, si esto en cuatro semanas continúa y en todas las canchas, hay un fenómeno de contagio y adquiere masividad, habría que ver. Puede ser imprevisible. Hasta ahora yo veo un reflejo paranoico frente a una concentración de poder futbolero”, observa el investigador del Conicet y autor de Héroes, machos y patriotas. El fútbol entre la violencia y los medios.
 

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