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Mi hermano Miguel Lerner…

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Buenos Aires
Él había llegado primero. Hijos de María y Reynaldo, crecimos juntos en una vieja casona de la ciudad de Quilmes.
Nuestro amplio patio tenía piso de ladrillos, estaba sombreado de vides y perfumado de laurel, de malvones y madreselvas. Escenario de juegos a las escondidas con los primos en los años de la niñez; luego testigo de nuestras secretas charlas adolescentes.
Su habitación era la única en la planta alta de la casa. En su puerta tenía un cartelito que decía “cuartito azul”. Sí, aquel de su primera ilusión, el de la dulce morada de su tierna juventud.
De ilusiones y expectativas, él se había construido un mundo muy propio que nunca deshabitó, en él corrió sus apuros juveniles, en él fue tomando forma su hombría, en él se fue haciendo viejo. Se fue conformando su ser, se fue enriqueciendo de alegrías y tristezas en ese mágico mundo Miguel.
Fue mágico, sorprendente Miguel habitando un mundo donde dejó entrar a sus sólidos amores, a sus amigos y también a sus enemigos. Amó las cosas y los seres que a veces eligió y otras, simplemente le llegaron.
A Dorita, sus esposa la eligió repetidas veces, en cada mojón de su vida, en cada una de las alternativas que transitó, volvió a elegirla.
Yo, su “hermanita” simplemente llegué y él… ya había llegado. Fuimos paridos del mismo vientre pero también nos elegimos. Solíamos jugar con la frase “mi hermano preferido”, “mi hermana preferida”. Éramos sólo dos, pero nos elegimos para siempre.
Desde su mundo mágico sus amores eran grandes amores. Con ellos iba y venía desde el enojo a la ternura, desde la entrega hasta la demanda.
Tuvo amigos, muchos, a los que siempre quiso entrañablemente y con ellos entabló vínculos que a veces le salieron bien, y otras muy mal.

Desengaños
Sus desengaños fueron enormes, angustiosos, se los tomaba como errores que se empeñaba en justificar ante sí mismo, pero no lo lograba… tenía un extraño y persistente sentido de la culpa, por eso volvía una y otra vez sobre los recuerdos con los que convivía cotidianamente entremezclando tanto los sabores dulces, como los tan amargos, porque él era un tango; todos los tangos.
Su formación de base fue la Química, y en su desarrollo profesional alcanzó una excelente especialización en el desarrollo de productos alimenticios.
Sin embargo, en los años en que en los perfiles de cada uno comienzan las definiciones, se dedicó al comercio.
Obtuvo muchos éxitos salpicados de períodos difíciles que supo superar. Así llegaron a Caleta Olivia mi hermano Miguel y su Dorita; a este norte patagónico que les dio cobijo, tal vez porque los descubrió tan rebeldes, tan desafiantes y soñadores como esta tierra misma.
Aquí su librería, su programa de tango, de esa “música maravillosa, mágica y misteriosa”. Aquí creció su pasión por la Historia a través de la cual expresó su preocupación por los sectores más vulnerables de la sociedad y canalizó sus profundos desacuerdos con el neoliberalismo.
Nació un tres de mayo y un tres de octubre, cuando en Buenos Aires florecen los paraísos, los jazmines y las glisinas, mi hermano Miguel y yo, nos dijimos hasta luego.


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