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Ocho años de cárcel por explotar mujeres en cabaret

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Comodoro
Rogelia Llancamil, alias “Stefi”, fue condenada a 8 años de cárcel por trata y explotación sexual de mujeres en un cabaret de Sarmiento. Les cobraba desde la comida hasta los preservativos, y se quedaba con su plata, informó ADNSur.
Se trata de Rogelia Cristina Llancamil, dueña del local. El Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia ordenó decomisar el boliche.
La primera pista fue un allanamiento que secuestró más de 120 libretas sanitarias expedidas por la Municipalidad de Sarmiento. Fue en octubre de 2014 cuando Gendarmería detectó siete locales con mujeres en esa ciudad y encontró dos chicas dispuestas a declarar.
Todas habían llegado al cabaret porque “Stefi” les prometió bienestar, les pagó los pasajes, las esperó en la terminal de ómnibus, las llevó y las alojó.
Tenía 8 celulares a su nombre y sospechaba que la escuchaban. La vigilancia encubierta descubrió pases –servicios sexuales por plata- mucho más frecuentes que en otros boliches.
A las chicas “Stefi” les daba comida de su restaurant “Ibiza”, y a las más chicas las tenía bajo amenaza y si se negaban al sexo fuera del horario nocturno las golpeaba.
Gendarmería allanó el cabaret en septiembre de 2015. Separaron a mujeres de clientes, secuestraron cuadernos con anotaciones de nombres de fantasía de mujeres y sumas de dinero, precios de tragos, preservativos, celulares y plata. Los montos y porcentajes eran distintos según duración y lugar del pase.

Libretas
En su cartera “Stefi” tenía dos libretas sanitarias. Había una casa contigua con varios cuartos. Había heladera, barras, cortinas, tarimas, sillones, consola grabadora de video de una cámara de seguridad de circuito cerrado. También se hallaron en el lugar caloventores, camas preparadas y preservativos usados en el piso y en un tarro. La puerta de emergencia estaba clausurada.
También fue allanado su restaurante, en donde estaba el hijo de la mujer. Allí encontraron documentación, cuadernos con anotaciones, un sobre con fotos de hombres y mujeres, y plata. Había una barra, dos freezers, una fonola digital, un equipo de música, un TV y mesas de billar.
Las chicas eran de Comodoro Rivadavia, Misiones y Buenos Aires. A varias las esperó en la terminal.
Les impuso las condiciones: precio y duración de los servicios sexuales, horario de atención, limpieza del lugar y prohibición de usar celular. Sólo la primera copa era para ellas y el resto, mitad y mitad.
A su vez, les aplicaba un severo sistema de multas de hasta 3 mil pesos por desobedecerla, llegar tarde, dar el teléfono a un cliente, irse antes sin avisar, quedarse dormidas, negarse a atender a un cliente, romper cosas o pelearse o no regresar a las 23.30.
Esto generaba una deuda forzada y continua para las chicas. Hasta las agredía. De esa forma las sometió y las forzó a quedarse ya que siempre le debían dinero.
El fallo consideró que “Stefi” se aprovechó de la pobreza de las mujeres, sin familiares en la zona. Y que las cinco víctimas estaban “atrapadas”.


Pasajes
Declaró D.G.A. Contó que “Stefi” le mandó el pasaje. En su primer día en Sarmiento conocieron “Ensueño” y cenaron en “Ibiza”. Pagaron ellas.
Se ducharon y trabajaron de 0 a 12. “Otras se quedaron hasta más tarde. Yo me retiré y le dije que no aguantaba más”.
Su nombre de fantasía era “Laura”. No tenían libreta sanitaria. “Nos hicimos los estudios en la Clínica de Sarmiento, y como Bromatología estaba cerrado por vacaciones, ´Stefi´ habló con un contacto para acelerar nuestro trámite”.
Vivían en el cabaret. Una puerta iba al boliche y otra a las habitaciones. Al local lo dividía una cortina.
El testimonio habló de una tal Joana, dedicada a provocar peleas internas. “Ocasionó varias y sospecho que lo hacía intencionalmente para que ´Stefi´ nos cobrara las multas. Si te olvidabas de limpiar la pieza o te quedabas dormida te cobraba $1.500”.
Les mandaba todos los días comida de ´Ibiza´ sin que ellas lo pidieran y les descontaba.
E.S.A. declaró que se separó de un novio en 2009. Se deprimió y una amiga le ofreció trabajo en Sarmiento. “Stefi” le pagó el pasaje. “Me hizo una libreta trucha que pertenecía a otra chica y le puso mi foto”.
Las copas iban desde cerveza hasta champagne. El cliente le pagaba a la dueña. La conocían como “Ariana”.
“Me retuvo el DNI pos seis meses, y no me lo quería dar, hasta que logré recuperarlo”.
La multó con $3 mil porque un cliente rompió un vidrio de una mesa. Un vaso eran $50 y les descontaba hasta los preservativos.
La dominicana M.D.R.V. llegó en setiembre de 2014 al cabaret. “No se podía tener el celular en del boliche porque les ponía una multa, no le podían dar su número al cliente ni salir con él a ´garronearlo´”. Trabajó toda la semana de 0 a 6. No podía irse antes.
Cuando se tomaba un franco por enfermedad “les gritaba, las trataba mal, le tenían miedo”.
Realizaba hasta 4 pases por noche. Todo se anotaba en cuadernos. “´Stefi´ sabe todo lo que hacen mientras no están en el boliche trabajando, si salen a comer o las invitan a algún lado les dicen que están ‘garroneando con los clientes´ y les cobra una multa de $2.000”.
La mujer dos veces debió pagar $2.000 por intercambiar teléfonos con un cliente en el boliche; y otra vez $1.500 porque un señor la llevó a su casa en su auto. La comida siempre era de “Ibiza” y se las descontaba: una docena de empanadas de jamón y queso, $300; una hamburguesa, $250; un sándwich de milanesa completo, $350.
La mujer no ganó mucho pero algo le mandó a su familia de República Dominicana. “Dios es justo porque ´Stefi´ las maltrató mucho a todas”.
C.E.C. llegó de Misiones en 2013. “Carla” fue su nombre de fantasía. Era mucama de un hotel en Iguazú y se le venció el contrato. Llancamil le mandó el pasaje. El cliente le pagaba la hora y Stefi les daba la llave de la habitación. Salían por una puerta a la calle y entraban a la pieza. Cuando se cumplía la hora le tocaba un timbre. Una vez por semana les tocaba limpiar la habitación y si no iba cobraba una multa. “No podían salir con hombres afuera, si las veía le cobraba una multa y si se peleaban, igual”.
“Stefi tenía un buen pasar económico, viajaba, tenía coche, los hijos todos con buen coche, tenía una rotisería, vivía bien”.
“Carla” reconoció los cuadernos con los turnos de limpieza. Le quedó debiendo plata. “Todos los días ponía una excusa nueva”.
“Llancamil se comportaba como la verdadera dueña del tiempo productivo de las personas”
En el fallo, los jueces Nora Cabrera de Monella, Alejandro Ruggero y Mario Reynaldi explicaron que en el delito de trata “al objeto únicamente se lo mantiene en condiciones de vida exclusivamente en la medida que reporte ingresos económicos. La persona es lisa y llanamente una cosa que acarrea beneficios”.
De las víctimas de Sarmiento, “dos escapaban de una situación angustiante; otra aceptó venir porque había perdido su trabajo, tenía un hijo menor que alimentar y su situación económica era desesperante, condiciones que también ostentaba la cuarta, además de ser extranjera”. Sentían que tenían una chance de ayudar a sus hijos y familias.
Las chicas eran “extremadamente pobres, jóvenes, a muchos kilómetros de su ciudad de origen, -y en dos casos de sus países-con hijos pequeños a cargo, eran personas frágiles y vulnerables, de bajo nivel socio cultural y desconocían el medio, sin asistencia”. Rogelia Llancamil lo sabía y hasta les retenía la documentación.
Las mujeres eran desocupadas o habían escapado de situaciones de explotación en otros boliches. “Stefi” las obligaba a consumir la comida de su local Ibiza, lo que les generaba deudas. “Es la cuestión económica el verdadero instrumento de sometimiento utilizado por la imputada”.
“Llancamil se comportaba como verdadera dueña del tiempo productivo de las personas”. Si alguna tenía sexo fuera del cabaret les cobraba mil pesos por cada hora de ausencia.
La defensa dijo que “Ensueño” no era “una comunidad evangélica” y tenía habilitación de la Municipalidad de Sarmiento como cabaret. “Toda la comunidad sabía de qué se trataba”, justificó. Pero según el TOF, “si bien puede coincidirse con no es un convento de Carmelitas Descalzas, sino un negocio que habilita la autoridad, no debe perderse de vista que lo que está prohibido no es la venta de bebidas alcohólicas a mayores en un local comercial sino la explotación sexual”.
“Para combatir este flagelo se necesitan fuerzas de seguridad capacitadas, de funcionarios municipales que controlen las condiciones de los locales que habiliten, de operadores judiciales proactivos en la investigación y en el juzgamiento, y de una sociedad atenta y comprometida. Recordémoslo con firmeza para que la trata no avance sobre nosotros”, advirtió la sentencia.
Un burdel con menores, chicas enfermas y hasta una embarazada que rompió bolsa
Según el informe del personal de la Oficina de Rescate y Asistencia a las Víctimas de Tráfico y Trata, de las entrevistas con las jóvenes del cabaret se notó que “a pesar de sus angustias y temores por la situación a que fueron sometidas decidieron colaborar, concluyendo que existiría servidumbre, inducción al alcoholismo y tráfico y trata”.
Eran tres argentinas y tres dominicanas, presuntas víctimas. Hablaron en Sarmiento.
“Se observaron indicios como reclutamiento y explotación, amenazas, multas, violencia, engaño y vulneración de derechos, incomunicación en horario laboral, abuso de autoridad, aprovechamiento por estado de vulneración social como el caso del menor de edad –hijo de una de las señoras entrevistadas- que residió hasta febrero de 2015 dentro de la whiskería ´Ensueño´, pernotando en un box donde se realizaban pases, fraude económico y explotación sexual”.
María Soledad Malvichini integra la Oficina de Rescate. Participó en el procedimiento en “Ensueño”. Entrevistaron a dos mujeres que además de ejercer la prostitución vivían en box separados por cortinas. Una mujer aparentemente tenía sífilis y vivía con su hijo de 4 años en los box. Otra de las chicas rompió bolsa teniendo pases en el lugar. No podían usar el celular.
La dueña de “Ibiza” les daba comida estén en el lugar o no, y se las cobraba, generando todo el tiempo deuda. “Hablaban de maltrato de parte de esta señora, incluso mencionaron que Llancamil habría traído de Misiones un niño de 9 años a quien llevaba al local y trataba de mucamo”.
Algunas mujeres dieron testimonio en Comodoro Rivadavia y regresaron a Sarmiento. “Al entrevistar a las mujeres se advirtió que eran vulnerables por la condición económica y cultural, no eran de la localidad”. Había de Misiones, otras zonas del norte y de República Dominicana.

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