Caleta Olivia
Santa Cruz
Argentina
30/06/2017

SE TRATA DE UNA MACRAUCHENIA PATACHONICA, ESPECIE EXTINTA DESCUBIERTA EN 1834
Extraen el ADN de un animal extinto que vivió en Santa Cruz

Río Gallegos
El doctor Javier Nicolás Gelfo del Museo de La Plata y del CONICET comentó a la Agencia CTyS-UNLaM que “obtener ADN antiguo es algo muy difícil y es la primera vez que se logra en uno de los cinco grupos de ungulados nativos de Sudamérica y que se corresponde con la Macrauchenia, última especie del linaje de los Litopterna que se extendió por casi 65 millones de años”.
A partir de la recuperación de su ADN, uno recuerda la película Jurasic Park y se cuestiona si sería posible traer a estos animales nuevamente a la vida.
Al respecto, Gelfo indicó que “no es esa la finalidad del estudio y, por ahora, tampoco sería factible; sería más probable traer nuevamente a la vida a los mamuts, a partir del ADN antiguo que se obtuvo de ejemplares congelados descubiertos en Siberia”.
“Es más fácil lograrlo con los mamuts porque tienen familiares vivientes, que son los elefantes, y uno puede completar la secuencia faltante del ADN del mamut con el del elefante; en cambio, la Macrauchenia no tiene representantes vivientes”, explicó el paleontólogo Gelfo, uno de los autores del estudio que se publicó hace instantes en la revista Nature communications.
Sin embargo, el especialista aseveró que “cuando se escribió Jurasic Park, aun no era factible secuenciar y obtener ADN mitocondrial antiguo y, ahora, eso ya es posible, con lo cual los límites actuales se pueden ir superando y dependen de las propuestas que nos pongamos para superarlos”.
“Ahora se abre el debate sobre los alimentos transgénicos, pero lo cierto es que los humanos hemos realizado selección genética desde iniciamos la agricultura y la ganadería, por lo que recuperar la diversidad genética del pasado nos permite saber en qué condiciones algunos genomas pudieron dar lugar a genotipos diferentes”, consideró Gelfo. Y agregó: “Las chances de mirar el futuro conociendo el pasado, nos enriquecen”.

Eminencia
Charles Darwin, eminencia histórica sobre la evolución de las especies, descubrió y puso atención en las macrauchenias. “Ocurre que esta especie representa un experimento evolutivo único, porque son animales de características muy llamativas”, indicó el investigador de la División Paleontología de Vertebrados del MLP.
El doctor Gelfo describió que “tenían cuerpo robusto, contextura fuerte; pisaban con tres dedos, lo cual es un rasgo interesante; y también son llamativas porque sus narinas están ubicadas hacia arriba, no hacia adelante como puede ser en el hocico de un perro, sino casi por encima de los ojos, como ocurre en cetáceos, tales como los delfines y las ballenas”.
“Uno puede observar la evolución del linaje de los Litopterna al cual pertenece la Macrauchenia y puede ir reconstruyendo cómo es que las narinas pasaron de estar en una posición, entre comillas, ‘normal’ hasta llegar a ubicarse casi a la altura de los ojos”, precisó el paleontólogo.
Estas modificaciones pudieron haberse debido a que los miembros de este linaje se desplazaban por ambientes áridos, con mucho polvo y con alto contenido de ceniza volcánica, por lo que estas trompas podrían haber sido seleccionadas evolutivamente como un mecanismo para filtrar el aire de una forma más efectiva.
Además, es posible que estos animales se desplazaran en manadas, con lo cual habrían levantado mucha polvareda a su paso.
El linaje de los Litopterna fue tan extenso que se remonta a inicios del Cenozoico, cuando tuvieron un ancestro común con los Perissodactyla, linaje en el cual se agrupan los caballos y rinocerontes entre otras especies.
En ese momento, compartían prácticamente el mismo ADN y se estima que esa especie común tuviera una contextura pequeña, fuera herbívora y tuviera dientes de corona baja similares a como hoy tienen los chanchos y jabalíes.  

Equipo
De este estudio internacional también formaron parte los doctores Marcelo Reguero y Mariano Bond del MLP, el investigador Alejandro Kramarz del Museo Argentino de Ciencia Naturales y la doctora Analía Forasiepi del IANIGLA-CONICET.
En tanto, el Museo de San Pedro y el Museo de Mar del Plata colaboraron con la investigación.
El equipo de investigadores multidisciplinario también contó con especialistas de Chile, Uruguay, Francia, los cuales fueron coordinados por Michael Westbury y Michael Hofreiter del Instituto de Bioquímica y Biología de la Universidad de Postdam, Alemania, y Ross MacPhee del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York.
El ejemplar que permitió obtener el ADN fue descubierto en una cueva del sitio arqueológico y paleontológico Baño Nuevo-1, ubicado al sur de Chile.
“Esperábamos encontrarlo en huesos internos del oído por ejemplo, pero obtuvimos el resultado positivo de una falange, lo cual para nosotros fue inesperado, y demuestra que fue clave para esta preservación que el material fuera sepultado en un ambiente sin oxígeno, con poca humedad”, detalló el doctor Gelfo. 
El animal representa una rareza evolutiva: tiene un cuerpo semejante a un camello y la trompa similar a un tapir. Este logro fue producto de una investigación internacional de la que participaron investigadores argentinos.

Sitio

Un equipo multidisciplinario del CONICET estudia un sitio arqueológico al norte de Neuquén que fue ocupado por perezosos gigantes y poblaciones humanas del pasado. En el sitio todo existe desde hace miles y miles de años.
Al subir al cerro que conduce a Cueva Huenul hay que pisar basalto, obsidiana y otras piedras de origen volcánico.
En su interior, un grupo de investigadores encontraron las primeras piezas de un rompecabezas que permiten conocer la evolución de las especies, el ambiente y el clima de la Patagonia a través del tiempo.
“Se trata de un tesoro arqueológico que estamos estudiando desde hace seis años. Es un lugar excepcional que ha registrado en sus sedimentos evidencias históricas de los últimos dieciséis mil años y que marcan la transición a nivel planetario entre la era de las glaciaciones y los climas más cálidos que conocemos actualmente”, explica el investigador independiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Cuyo, Ramiro Barberena.
Este sitio -que mide unos veinticinco metros de largo-, ubicado a lo alto de un cerro al noroeste de la Provincia de Neuquén en la localidad de Barrancas y conformado geológicamente por piedras expulsadas a lo largo del tiempo por erupciones volcánicas, está repleto de huesos, rocas milenarias, pinturas rupestres y otros elementos que confirman como una prueba inequívoca que ese lugar fue utilizado por diferentes especies a lo largo del tiempo, que evolucionaron o incluso se extinguieron, pero en ambos casos dejaron huellas que aún perduran en la Cueva Huenul. En nuestras excavaciones encontramos información sobre las especies animales presentes. Hemos hallado excremento de perezosos gigantes tan bien preservados que permitieron determinar de qué se alimentaban”, afirma el científico.
Las investigaciones indicaron que estos animales herbívoros, que podían alcanzar un peso de unas tres toneladas y medir dos metros de alto, comían principalmente hojas de algarrobo y molle, entre otros arbustos presentes en la zona. Un gran interrogante científico y que este estudio permite develar para esta zona de la Provincia de Neuquén es el por qué de la extinción de los Perezosos gigantes.
“Si bien la desaparición de estos animales coincide en el tiempo con la culminación del último periodo glacial y con el momento en el que empiezan a colonizar Sudamérica los seres humanos, en esta región de Patagonia nuestros registros aseveran que los hombres y mujeres que habitaron allí, llegaron unos 1500 años después de la extinción de la megafauna. Esto refuerza la hipótesis que señala al efecto del abrupto cambio climático que se produjo en esos tiempos como el causante de la extinción”, explica Barberena.
Las dataciones realizadas por los científicos indican que las primeras personas en ingresar al interior de esta cueva, lo hicieron unos 11 mil años atrás y desde ahí y a lo largo del tiempo, el sitio fue asiduamente visitado.
“Los escasos artefactos, restos de comida y de fogones son algunas de las evidencias de esos humanos que colonizaron esta región de desiertos en Patagonia”, indica el investigador. 
Sin embargo, los objetos encontrados no son el único registro. Las paredes de la cueva aportan información a través de decenas de pinturas rupestres; el desafío para el equipo multidisciplinario de científicos es comenzar a decodificar sus mensajes y contrastar estas imágenes con otras evidencias halladas en la cueva.
 
“Las paredes son otro documento histórico donde los humanos fueron dejando sus marcas y sus dibujos a lo largo del tiempo. La vasta cantidad de pinturas encontradas nos permite pensar que esta cueva no fue utilizada solo para reparo o para la realización de comidas sino también para actividades propias de una esfera que podemos denominar ritual”, asegura Barberena.
Para los científicos es muy difícil poder comprender el significado específico de las representaciones pictóricas, sin embargo, como grandes detectives del tiempo y de la historia, fueron encontrando pistas adentro de la cueva e incluso en otros sitios. Este hallazgo les permitió establecer ciertas hipótesis vinculadas a la funcionalidad de las pinturas.
“En la Cueva observamos una serie de motivos geométricos que pueden verse también en otras zonas del norte de Neuquén. Creemos que estas pinturas en particular no responden a un interés artístico, sino que sus autores buscaban entablar algún tipo de comunicación. Entender por qué estos motivos aparecen en determinados lugares y no en otros, será el primer paso para poder descifrar el significado de la información que se estaba transmitiendo y de este modo empezar a conocer y a interpretar la forma de pensar de estos primeros habitantes de la Patagonia”, concluye.
 


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